Un extraño libro

Me hablaron de este libro varias veces en los últimos años. Recuerdo perfectamente quién fue la primera persona que lo hizo, mi amiga Sara. 

Sucedió una tarde mientras estudiábamos en la biblioteca para los parciales de Navidad. Las dos estábamos muy cansadas y no podíamos controlar los bostezos. Nos  contagiábamos la una a la otra y empezó a suponer un problema. A ella se le ocurrió parar cinco minutos y salir al pasillo para despejarnos. Así lo hicimos y, al llegar a la puerta, nos cruzamos con  un chico peculiar. Abrazaba un libro al que no presté atención  porque me sorprendió la palidez de su cara y una extrema delgadez que destacaba sus pómulos y hacía que sus ojos resultasen extrañamente grandes. Me pareció ver, asomando por una manga, restos de sangre seca como si se hubiese hecho un pequeño corte. Pero en lo que Sara se fijó fue en el ejemplar que apretaba contra su pecho huesudo con tanta determinación. Me contó, cuando él estaba lo suficientemente lejos como para no escucharla, que había leído en internet sobre esa novela. Se llamaba “La herida”.

Había muy pocos ejemplares aunque todo eso eran suposiciones porque nadie era capaz de ofrecer una información veraz sobre la edición del libro.  Por lo que parecía, no podía encontrarse ni en bibliotecas ni en librerías. Le rodeaba un halo de misterio que ayudaba a que muchos lo buscasen con gran interés así que probablemente fuese todo una buena estrategia de marketing. Sara le confesó que no conocía personalmente a nadie que lo hubiese leído. La gente escribía opiniones en las redes sociales sobre aquella historia que te atrapaba y te ayudaba a ver la realidad tal y como era. Pero todo eso podían ser mentiras. No volvimos a cruzarnos con aquel chico nunca más. Si lo analizo objetivamente, quizás fuese normal no verlo de nuevo. Y lo más seguro que nosotras tuviésemos tan mal aspecto como él porque pasábamos horas y horas encerradas en la biblioteca y comiendo mal. Al fin y al cabo, era época de exámenes para todo el mundo, también para él. Sin embargo, ahora mismo ya no sé qué pensar.

La segunda persona que mencionó “La herida” fue mi hermano Sergio. Cuando me habló del pintoresco libro, cuyo primer capítulo se compartía por internet  y que todo el mundo se descargaba, me costó caer en la cuenta de que se trataba de la misma novela a la que se refirió Sara un año antes. Me contaba, emocionado y divertido, que no había manera de que nadie pudiese encontrar el resto de los capítulos. Así que el morbo crecía de manera imparable. Sergio tenía el capítulo en el ordenador y me dijo que esa misma noche lo iba a leer. Yo no entendía a qué venía tanto revuelo, me parecía todo desmesurado y bastante absurdo la verdad. Pero lo que estaba sucediendo era más importante de lo que imaginaba.

A la mañana siguiente, Sergio salió de casa diciendo que debía encontrar el resto del libro y que no pararía hasta encontrarlo. Mis padres y yo pensamos que era una tontería de las suyas. Pero lo cierto, es que no regresó a casa hasta dos años después. Llamó a la puerta y entró con un ejemplar completo de “La herida” en sus manos. Para entonces, mis padres estaban muy mal de salud porque había sido muy duro no tener apenas noticias de él en todo ese tiempo. Mi madre, sobre todo, ya no pudo reponerse y, a las pocas semanas, murió.

Durante el tiempo que pasó Sergio fuera de casa, la fama del libro había superado cualquier desquiciada previsión. Nadie sabe cómo, empezaron a encontrarse ejemplares por todas partes: bancos de parques, asientos  de metro, librerías, escuelas y universidades… Hasta en las salas de espera de los hospitales, allí el título resultaba una broma.

Sergio estuvo recluido en su habitación desde el principio. Sólo quería leer, una y otra vez el libro, olvidando comer, lavarse e incluso hablar con nosotros. No salió de allí ni para asistir al entierro de mi madre. Aunque casi nadie vino. Por aquel entonces, la gente ya se comportaba de manera extraña. Y se respiraba obsesión y locura en las calles. En cada esquina podías encontrarte a alguien con un ejemplar de “La herida” que lo agitaba apretándolo con fuerza con la mano,  como si fuese un predicador, y que vociferaba espantosas ideas sobre la maldad de los seres humanos que habían herido al mundo creando una gran grieta  que dejaba libre el infierno. Empecé a preocuparme al observar pequeños cortes en el cuerpo de mi hermano. Al principio, sólo aparecían en los brazos. Sin embargo, acabaron ocupando cualquier trocito de piel que quedase intacta. No sangraba demasiado, pero sospecho que se los hacía él mismo y eso me rompe el corazón. Sólo pienso que fue mejor para mi madre no vivir para verlo así. Mi padre… mi…

Mi hermano agoniza en su cama pues su debilidad es tan grande que apenas puede seguir latiendo su corazón. Y mi padre, que habla solo desde hace unos días, sé que está a punto de acabar el libro. Ya no come y tiene los ojos hundidos. Cuando le hablo no me mira y no suelta la novela en ningún momento. Es la tercera persona que me habla de “La herida” aunque, en su caso, apenas consigo entender lo que me dice porque balbucea y suelta frases sin sentido. Esta mañana le he descubierto en la cocina haciéndose pequeñas heridas en los brazos con un cuchillo. 

No hay programas de televisión, tampoco nadie nos habla desde la radio y los periódicos han dejado de imprimirse. Una extraña epidemia se ha extendido entre la población que no sale de sus casas y se aíslan entre ellos. Ya nadie contesta al teléfono. Hace mucho que no sé de Sara. Los predicadores se pudren en las esquinas y no se les recoge para darles sepultura. No sé qué hacer porque no entiendo a lo que me enfrento. Pero pronto lo sabré porque he encerrado a mi padre en el sótano y le he arrebatado el libro. Ha llegado el momento de cerrar las heridas y pasar página. Por primera vez en semanas, no temo llegar al final que alguien ha escrito para mí, para ti… para todos nosotros.

Esther Paredes Hernández

19 de Noviembre de 2016

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s