Escribir (desde) la verdad

Hoy es uno de esos días en los que el dolor no me permite concentrarme en personajes de ficción. Tengo a medias el próximo relato pero debo controlar la ansiedad de terminarlo. Hoy, desde luego, no podrá ser.

El dolor agota, desgasta pero te recuerda en qué lugar te encuentras. Tu cuerpo agotado es una realidad aplastante, una verdad imposible de ignorar.

Pero es la verdad el aspecto que más quiero trabajar y desarrollar en mis textos ahora mismo.

De diferentes autores he extraído la conclusión de que escribir bien puede hacerlo cualquiera que lea mucho y tenga cierto talento. Pero escribir de verdad eso requiere valor, riesgo y hay que aprender a desarrollarlo.

Para mí ha sido una revelación. Nuestros libros favoritos no siempre están escritos por el mismo autor y, por ello, no tienen el mismo estilo. Sin embargo, todos ellos irradian verdad. Sus personajes existen para nosotros. El autor está en cada línea, en cada diálogo, en cada descripción. 

Por mi profesión de guionista, nunca he tenido que preocuparme por este tema. A veces se escribe en equipo; otras, interfiere la Productora o la Cadena de televisión. Por lo que “mi verdad” puedo no mostrarla del todo y tener mis emociones protegidas casi siempre.

Desconozco en qué punto me sitúa a mí todo esto a partir de ahora, pero es cierto que debo mostrar verdad en lo que escribo si quiero que mis relatos y la novela emocionen a aquellos que los lean.

De nuevo, la enfermedad me ayudará a trabajar este aspecto pues no hay más verdad que saber que hoy mi cuerpo necesita descansar y que, haga lo que haga, él tiene el control.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 1 de mayo de 2017

4 comentarios sobre “Escribir (desde) la verdad

  1. En una novela que ahora no recuerdo si nombre, Philip K. Dick decía en referencia a otro escritor algo así como que escribía apelando a los sentimientos y no a la inteligencia, y por ello mismo obtenía su rédito.
    A veces para llegar al lector lo que uno quiere comunicar es necesario tocar esos puntos que despiertan su atención, algo difícil en ésta época, como la llaman de posverdad.

  2. Ojalá el lector supiese captar en el resultado final el trabajo o las horas (o la inspiración de ese día) en un texto. Muchas veces buceando detrás de la génesis de nuestras novelas preferidas descubrimos que fueron escritas bajo presión, con desgana o como meros trabajos alimenticios. Otras veces descubrimos que obras que el propio autor considera imprescindibles y el culmen de su arte, nos son más bien indiferentes en una primera (y a veces segunda) lectura. Pero con lo que coincido plenamente es con eso de “emocionar siempre”.

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