El umbral

Llevo varios días sin dormir esperando tu vuelta. Ahora me estás mirando desde el umbral de la puerta del dormitorio y si pudiera, sonreiría. Es una crueldad agradecer que hayas regresado. Pero los sentimientos son caprichosos y no puedes hacer nada para cambiarlos.

Es una realidad que dependo de ti a todos los niveles aun siendo un desconocido para mí. Ni siquiera podría llamarte por tu nombre si lo tuvieras. Eres la sombra que me vigila desde el umbral. Una sombra que crece y se estira a medida que la luz del sol cambia según transcurren las horas. Temo en lo que te conviertes por la noche. Una figura oscura que alcanza el techo y se curva sobre mí. Cuando eso sucede, imagino que mi respiración agitada te acaricia porque tu rostro es un misterio que no me ha sido revelado y sólo contemplo oscuridad.

Una enfermedad me mantiene confinada en la cama y  no puedo escapar de esta cárcel de sábanas. Desde ella, es imposible no verte, no sentirte. Pues estás frente a mí. Observándome desde la única salida posible. Desde la puerta que podría ayudarme a escapar de estas cuatro paredes que has transformado en una cárcel. Y para asegurarte de que no pida auxilio, cosiste mis labios.

Esa fue la primera vez que me tocaste. Con dulzura y dolor a la vez. Tus dedos invisibles se volvieron agujas curvas que cosían mi carne. Descubrí que hueles a bosque húmedo. A hierba mojada tras ser bañada por la lluvia de otoño. Mis labios eran tuyos y no me resistí aunque sabía que estaba ayudándote a convertirme en tu prisionera. Desde ese día, anhelo tu vuelta. Y mientras regresas, imagino en qué se convertirán tus dedos esta vez. En afilados cuchillos, en finos taladros, en tijeras…

Las moscas se relamen a mi alrededor y sueño con larvas que están deseando nacer para empezar a devorarme. Estoy sentenciada a esta muerte lenta que tú no haces más que alargar para tu propia diversión. Pero también para la mía. Pues me siento más viva cuanto más cerca de la muerte me encuentro. Por eso te doy las gracias. Mi sangre me parece más roja que nunca; siento el dolor en cada uno de mis huesos y puedo ser consciente de todos ellos; y mis labios sellados quieren hablar lo que nunca pudieron. Tengo la boca llena de palabras que no podré pronunciar pero que existen cuando antes no llegaron ni a nacer en mi cerebro.

Cada vez que me haces daño, tras cada tortura a la que me sometes, tus ojos se vuelven culpables y crees que lo único que me separa de la libertad es poder moverme. No sé cómo explicarte que no es así. Soy una inválida postrada en la cama de su dormitorio por voluntad propia y cobijada bajo tu sombra.

Esta noche estás por fin a mi lado. No sé qué sufrimiento me has preparado. Pero estoy dispuesta a entregarte mi dolor a cambio de sentir cómo mi corazón late más vivo y consciente que nunca.

Barcelona, 24 de Septiembre de 2017

©Esther Paredes Hernández

Terminado a las 09:45h

 

7 comentarios sobre “El umbral

  1. ¿Es una perversión poner un frívolo “megusta” a este vivísimo post sobre la enfermedad, el dolor, el tránsito? No lo sé pero he sentido una fuerte atracción cuando he leído que sientes la vida cuanto más cerca estás de la muerte y me he metido en esa “boca del lobo” y he notado, yo también, sus dientes y sus uñas…y he pensado: quiero que sepa que soy alguien aquí, leyendo, a quien le importa ese dolor (y he llevado el dedo a la estrellita, aunque querría hacer otro gesto, más cercano, más amable, menos virtual. Te abrazo)

  2. Note y Esther no es una perversión, ademas a mi no me gusta, a mi me encanta, es un privilegio que nos da la existencia el saber y leer, la valentía de una preciosa mujer, sus epopeyas no tienen de distante a las de Juana de Arco, para muchos una loca, para mi una mujer brillante que escucho su interior bien antes, la valentía de las descripciones al detalle, dejan a ese zorro humillante en la puerta, sin lugar a entrarle a una habitación tambaleante, las condenas de las sabanas donde muchos ejercen el amor y otros lo vemos o lo vimos como cadenas; no puedo prometer nada pues mi distancia y compleja vida hacen mella a mis deseos, pero Esther quiero que sepas que tu escondite dejo de ser de miedo, quiero que sientas un abrazo mio cuando llegue la noche, prometo ser austero y aceptando cualquier reto, abrazo enorme Daniel

    1. Me encanta que me digas que mi escondite dejó de ser de miedo. Y siento, desde la distancia, quiero que sepas que me llegan todas tus palabras y todo tu apoyo. Me resulta enormemente gratificante que siempre entiendas mis textos. Muchas gracias siempre. 🌹🌹🌹

  3. Preciosa, no sabes que difícil fue leer este post, es algo profundo y oscuro, pero hay algo en ello que atrae, me gusta el magnetismo con que escribes, como has desnudado tu alma en ello, me gusta tu valentía de escribirlo y te admiro por transmitirlo y no negarlo, déjame decirte que el miedo ha desaparecido en cada palabra de este post, desearía estar a tu lado hablando de todo y nada a la vez, esos momentos en que te comes al mundo en palabras con sabor a miel y hiel y en los cuales terminas riendo si saber al final cual fue el motivo que inicio esa platica.
    Besos Esther y cuando llegue la noche sonriéle y abrázala.

    1. Mi querida Elia, me he emocionado mucho con tus palabras. Pues las siento sinceras y cargadas de cariño. Imagino esas conversaciones contigo traspasando la distancia que nos separa y me siento acompañada y feliz. De acuerdo, abrazaré a las noches futuras sin temor. Te mando mi corazón y mis manos Elia.

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