Cuento de Halloween II

Cuando te conocí me pediste que guardara silencio. Que no te hablara de nada ni de nadie porque tenías el objetivo de conseguir que olvidase lo que había sido mi vida hasta ese momento. Y te obedecí.

Pero lo hice porque estaba aterrada.

Nací muerta. Lo cual puede considerarse una paradoja. Pues nacer implica vida. El parto duró demasiadas horas y supongo que tiré la toalla. Decidí, a tan temprana edad, que no merecía la pena tanta lucha. Tampoco sabía lo que me perdía. Qué importaba. Sin embargo, los médicos consideraron lo contrario y, sin tener en cuenta mi opinión, me reanimaron.

Consiguieron que mi corazón latiese y llené mis pulmones de oxígeno con un sonoro llanto. Y, desde esa primera bocanada de aire, sentí que mi vida no me pertenecía, pues yo no la había pedido. Así comenzó mi andadura por este desagradecido y cruel mundo en una noche en la que la vida y la muerte se cogen de la mano para recorrer las calles. Mi nacimiento, como una broma macabra del destino, tuvo lugar en la noche de Halloween.

Durante los años posteriores, llegué a despreciar el sol que sale cada día de la misma manera, de las obligaciones que generan culpa, de las normas sociales artificiales… No entendía qué papel jugaba en este gran lienzo. El universo debería haberle dado la oportunidad a otra persona que valorara el regalo de la existencia. Y no a mí. Sentía la necesidad de compensar que me hubieran dado una segunda oportunidad como una gran losa de piedra sobre mi cabeza pero no sabía cómo. Y mi salvación llegó cuando te encontré.

Hemos pasado dos años juntos, amándonos, disfrutando de cada momento y dando valor a nuestras vidas porque tenemos esa misión. Tampoco esta vez lo he expresado correctamente. Dando valor a la Vida en el sentido más amplio de la palabra. No es difícil detectar a aquellas personas que desean desaparecer para siempre, enterrarse en la inmensidad deteniendo su corazón. Y para mí, que soy una experta, todavía es más sencillo. Sólo tengo que buscar una mirada que me recuerde a los mía. Es tan fácil que me da risa.

Una vez hemos encontrado a nuestros objetivos, les seguimos hasta sus casas y acabamos con su sufrimiento. La mayoría gritan asustados cuando adivinan que van a morir al ver el filo brillante del cuchillo. No entiendo esta rebeldía cobarde cuando se enfrentan al fin. Pero no importa, pronto sus rostros reflejan la calma que necesitaban mientras su sangre abandona sus cuerpos. Lo hace con fuerza pues se sentía atrapada en individuos que se habían convertido en muertos vivientes. Otra paradoja.

En la noche de mi cumpleaños, tumbada en la cama, sé que te obedeceré hasta el último de mis días. Que dedicaré a nuestra causa mi energía y mi talento. Sin hacerte preguntas y sin hacérmelas a mí. Ignorando lo que sea que haya aprendido hasta que te conocí. Porque me asusta demasiado perderte. Mi pecho se cierra sólo de pensarlo. Y un gran abismo vuelve a surgir bajo mis pies esperando engullirme.

Si flaqueo en algún momento y te alejas de mi lado, ansiaré que me encuentres vagando por las calles, con los ojos llenos de tristeza llamando a la muerte. Y agradeceré que vengas a mi casa para rebanar con violencia mi garganta desagradecida. Mi sangre será tuya y bañará tus pies salvadores.

Aunque eso no sucederá. Porque creo en nuestra causa y soy tu compañera. La muerte deambula ya por los portales. Es Halloween. Mi noche. Nuestra noche. Salgamos a celebrar la Vida.

Barcelona, 30 de Septiembre de 2017

Terminado a las 17:18h

 

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