La furia

Aprieto los labios hasta que la sangre deja de rozarlos

y se vuelven grises,

se agrietan por la sequedad de la furia

que mi cerebro comprime sin éxito

porque no puede reducirse

ni desaparecer

si los labios no se abren de par en par

para que el grito aparezca

y golpee la pared destruyéndote

de una vez por todas.

Cuento

Voy a contarte un cuento

aunque no quieras.

Voy a decirte que necesito

tu aliento en mi boca

para respirar

aunque no quieras.

Voy a sujetarte de la mano

para que no caigas

desde la cima de la montaña

aunque no quieras.

Voy a escribirte y a describirte

sin descanso

sin tregua

como mis noches en vela

aunque no me quieras.