Cuento

Voy a contarte un cuento

aunque no quieras.

Voy a decirte que necesito

tu aliento en mi boca

para respirar

aunque no quieras.

Voy a sujetarte de la mano

para que no caigas

desde la cima de la montaña

aunque no quieras.

Voy a escribirte y a describirte

sin descanso

sin tregua

como mis noches en vela

aunque no me quieras.

Os damos la bienvenida a Extinta

En este gran y generoso universo del blog, os he conocido y me habéis abierto los brazos en mis peores momentos. Ha llegado el momento de devolveros una parte de todo lo que he recibido (una parte porque sois muchos y yo solo una).

Hemos creado una publicación digital gratuita pensada para los escritores (sin descartar a los lectores por ello). Un lugar en el que publicar juntos y crear gremio. Extinta tiene el objetivo de daros a conocer a los autores y destacar a uno de vosotros cada semana. Además, cada vez que necesitéis compartir alguna novedad volveréis a ser destacados.

Extinta nos ayuda a posicionarnos en el ámbito digital complementando al blog y nos exige el mismo trabajo creativo (no más). Os animo a descubrirnos en https://medium.com/extinta

o a pedirnos más información en extinta@4colors.net

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La fortaleza vencible

La fortaleza, al igual que los ásperos troncos de los árboles enfermos, termina por quebrarse y caer cuando lucha en una guerra sin igualdad de condiciones.

Los muros, construidos con duras piedras, soportan el azote de las tormentas mientras se transforman en telas de araña cubiertas de espinas que hacen sangrar a cualquiera que se aproxime ni siquiera a mirar.

Pero no es tan dura como aparenta y los cañonazos hacen agujeros en su cuerpo consiguiendo romper su forma original.

Ella sabe que todo lo que se destruye puede construirse de nuevo. Cuando sea. En algún momento los agujeros se cubrirán con piedras nuevas. Sacadas de la montaña más antigua.

Ahora mismo sólo alcanzo a sentir que los cimientos tiemblan a mi alrededor mientras espero encontrar que alguien deje esas nuevas piedras en mi camino lo antes posible.

El dolor se clava como agujas en mis huesos y mi espíritu lucha por no desmoronarse. Está maltrecho, malherido, pero no puedo darme por vencida. No a estas alturas.

Esther Paredes Hernández

En este instante

En algún momento del fin de semana, en algún segundo de una hora inconcreta, asumí finalmente que estaba enferma. Estar enferma significa aceptar un cambio que será para siempre, una transformación con la que no contaba. Que nunca había estado en mis planes.

Desconozco hacia dónde me lleva esta metamorfosis interna y si acabaré siendo una cucaracha que lucha inútilmente por darse la vuelta, pero al menos ahora siento que es una realidad. Lo que me lleva a dejar de pelearme contra mí misma y contra todo.

Lo que este proceso me está enseñando es que importa bien poco todo aquello que pueda imaginar sobre mi futuro, todo lo que quiera planear, pues mi vida no puedo retenerla entre mis manos. Porque es agua, fluye y busca su propio camino.

Así que sólo puedo decir que, en este instante, soy ésta. Mañana, lo desconozco.

Esther Paredes Hernández

 

 

¿Mens sana o psicosomatizando que es gerundio?

Llamadme ilusa pero creo que esto de la psicomatización del estrés o cómo nuestra mente gobierna nuestro nave corporal mientras atraviesa el océano de la vida me parece una solemne tontería.

Siempre, siempre, he intentado luchar contra mi estrés, buscar maneras de vivir con más felicidad, he hecho terapia, yoga, deporte, he cuidado mi alimentación… Ahora tengo cáncer pese a todo.

¿Debo pensar, entonces, que mi mente enferma ha enfermado mi cuerpo? Ya sé que todos lo que decimos es que “ayuda” o “favorece” en nuestra salud, no nos pillamos los dedos con eso, pero al final es lo que pensamos: qué estrés llevaba o es que se toma las cosas muy a pecho.

Tengo, además, un cáncer que no debería tener. Según las estadísticas, no cumplo los parámetros de la edad ni el sexo ni siquiera tengo el linfoma en un lugar común. Y la quimioterapia me hace sentir extraña constantemente, me produce muchos dolores y ha cambiado mi cuerpo por fuera. Que yo sepa, mi mente no está jugando otro papel ahora mismo que no sea el de intentar llevarlo como pueda día a día, rato a rato. Mi mente es una mera espectadora que intenta disfrutar de la película mientras le sienten bien las palomitas de colores.

Llamadme ilusa pero he descubierto que en las enfermedades graves, que son las que de verdad nos asustan y preocupan porque está nuestra vida en juego, la mente es la mente e influye lo que influye. En esos momentos, es el cuerpo y la medicina, lo estrictamente médico lo que nos hará mejorar o no. Ya podemos sonreír todo lo que queramos, hasta que se nos desencaje la mandíbula, si el tratamiento no funciona, no funciona.

Tengo la sensación de que nos esforzamos por creer que la mente nos salvará de la muerte o de padecer enfermedades peligrosas. Porque todos tenemos miedo. Pero olvidamos que nuestro cuerpo físico es realmente el protagonista en estos momentos.

Mi enfermedad va a marcar mi futuro el resto de mi vida. Podré llevarlo mejor o peor a nivel emocional, pero no quiero tener la responsabilidad de pensar que el estrés, que mi falta de control de las emociones o una mente “insana” es la que me pone en peligro. Porque no es verdad.

Cuidemos nuestro cuerpo para que nuestra mente no deba cuidarlo, sino disfrutarlo.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 17 de Mayo de 2017

Un círculo que debe ser un cuadrado

Hoy es mi cumpleaños. Y, aunque ya lo sabía, ha coincidido con el primer día de la fase de dolor que sufro tras las sesiones de quimio. Pese a saberlo de antemano, me ha dejado algo rota por dentro. Supongo que no ha ayudado que la última semana, antes de esta sesión, no me sentí demasiado bien y ayer desperté tras varios días de haberme marchado mentalmente Dios sabe dónde. Es un lugar al que mi cerebro viaja cuando la realidad física me supera y me quedo sin recursos mentales para combatirla.

Antes del diagnóstico, pasé más de ochenta días con fiebre alta. Ni un solo día dejé de tener fiebre. Un mínimo de quince horas al días. Había intervalos de unos veinte minutos de descanso pero nada más. Mi cerebro se transformó en una especie de calabaza asada. Era incapaz de mantener una conversación o de leer. Tenía graves lapsus de memoria y en lo único que podía centrarme era en intentar no volverme loca y sufrir una crisis nerviosa.

No podía salir de casa y pasaba las horas delirando o viendo (sin ver) todo lo que contenía Netflix a través de la tablet tumbada en la cama. Descubrí, con el paso de las semanas, que mi cerebro se desconectaba. Que se marchaba a alguna parte. Como si sufriera una especie de desmayo pero con los ojos abiertos y sin perder la consciencia. Porque era capaz de controlarme la temperatura con el termómetro, de beber, de comer, de hablar… Sin embargo, existen grandes agujeros temporales en los que no sé qué pasó a mi alrededor, qué hicieron mis hijos y mi marido, qué les hice o les dije yo…

Por lo visto, es una especie de mecanismo de defensa que he desarrollado. Ahora que ya tengo el tratamiento, he advertido que en las semanas más duras continuo haciéndolo. Sin darme cuenta de cuando sucede, entro en un círculo del que no soy capaz de salir porque no sé que estoy dentro. Solo soy consciente de ello al regresar. Lo peor de esto es que no vuelvo renovada, con energía, con ideas, motivada… No. Simplemente despierto.

Creo que voy a algún lugar inerte, inactivo y frío que existe en un rincón de mi cerebro. Y esto empieza a preocuparme. Esos días en los que me sumo en esa especie de sopor camino, hablo, me relaciono… pero no estoy presente. Después, apenas recuerdo nada.

Lo he comentado con mi hematólogo, me ha explicado que probablemente sea fruto del estrés, un mecanismo que me ha ayudado en estos largos cinco meses. Así que está en mis manos transformar ese círculo tóxico en, quizás, un cuadrado. Hoy era el día perfecto para entrar en el círculo otra vez. Pero le he hecho una promesa a mi hermana: escribir aunque fuese una línea. Y yo por ella, hago lo que sea.

Es mi cumpleaños y sí, me duelen los dedos al teclear. Pero precisamente para eso empecé a escribir esta especie de diario. Para poder seguir sintiendo que soy yo misma y dibujar un cuadrado mental lleno de luz y con una gran puerta por la que salir o entrar cuando quiera.

Me comprometí a escribir la verdad. Aquí tenéis un pedazo más.

Escribí los dos primeros párrafos de la novela (sí ya sé que es muy poco) y me sentí muy bien por arrancar. Pero mi cerebro de calabaza asada no dio más de sí y todavía no he podido terminar el relato de este mes. Quizás si hoy no me dejo arrastrar por el tornado circular consiga mañana centrarme en mi pantalla cuadrada del ordenador.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 12 de Mayo de 2017

Dedicado a mi Hermana, que es mi General en esta guerra y que siempre lo ha sido también en mi vida. Te quiero.

Una pequeña mentira y Metallica

Esta fotografía muestra la sonrisa traviesa de alguien que sabe que no cumple su palabra. O al menos, no del todo.

¿Cuándo dije que había llegado el momento de arrancar las primeras frases de esa novela que quiero escribir? ¿En el post publicado el 27 de abril? Ya sé que no será una historia que cambiará el mundo ni a las personas. Ni siquiera a las que tengo alrededor. Es cierto que apenas sé qué pretendo contar en ella. Sin embargo, me cambiará a mí. Porque habré cumplido el trato que me he hecho a mí misma: proporcionarme el placer de la escritura y alimentar mi artista interior como si fuese una caprichosa niña pequeña mientras aprendo.

Vale, pues nada. Tengo las primeras líneas en mi cabeza pero no han pasado a la pantalla del ordenador. De manera, que en cuanto termine este post voy a vomitarlas sin pensármelo.

stephen

¿Recordáis que tengo este vinilo en mi pared? Está en mi dormitorio para poder leerlo cada día. Y lo veo bastante teniendo en cuenta las veces que necesito reposo. Pues el miedo está haciendo que me distraiga constantemente y no me centre en el principio. Sin embargo, voy a hacer el esfuerzo de dejar aparcado el nuevo relato hasta que arranque. Y eso que me apetece mucho terminarlo porque ya tengo pensado el final. Pero distracciones tramposas 0, Esther 1.

Desde hace meses me siento como si anduviera temblorosa sobre arenas movedizas ¿podré aprovecharlo para conseguir un valor que parece que no tengo? Lo que de verdad temo no es escribir, sino lo que puede suponer para mí hacerme un regalo cuando he creído, desde que era pequeña, que no lo merecía. No deja de ser una cuestión de trampas mentales y emociones mal gestionadas, ya lo sé.

Pero no hablemos del pasado otra vez. Ya he puesto la lista de Spotify de Metallica con la que trabajo (cuando trabajaba de guionista y no estaba de baja). Así que termino el post y empiezo la novela. O al menos vomito lo que tengo en la cabeza.

Suena Enter Sandman. Vamos allá. Os cuento pronto.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 2 de Mayo de 2017

 

 

 

 

 

 

 

Escribir (desde) la verdad

Hoy es uno de esos días en los que el dolor no me permite concentrarme en personajes de ficción. Tengo a medias el próximo relato pero debo controlar la ansiedad de terminarlo. Hoy, desde luego, no podrá ser.

El dolor agota, desgasta pero te recuerda en qué lugar te encuentras. Tu cuerpo agotado es una realidad aplastante, una verdad imposible de ignorar.

Pero es la verdad el aspecto que más quiero trabajar y desarrollar en mis textos ahora mismo.

De diferentes autores he extraído la conclusión de que escribir bien puede hacerlo cualquiera que lea mucho y tenga cierto talento. Pero escribir de verdad eso requiere valor, riesgo y hay que aprender a desarrollarlo.

Para mí ha sido una revelación. Nuestros libros favoritos no siempre están escritos por el mismo autor y, por ello, no tienen el mismo estilo. Sin embargo, todos ellos irradian verdad. Sus personajes existen para nosotros. El autor está en cada línea, en cada diálogo, en cada descripción.

Por mi profesión de guionista, nunca he tenido que preocuparme por este tema. A veces se escribe en equipo; otras, interfiere la Productora o la Cadena de televisión. Por lo que “mi verdad” puedo no mostrarla del todo y tener mis emociones protegidas casi siempre.

Desconozco en qué punto me sitúa a mí todo esto a partir de ahora, pero es cierto que debo mostrar verdad en lo que escribo si quiero que mis relatos y la novela emocionen a aquellos que los lean.

De nuevo, la enfermedad me ayudará a trabajar este aspecto pues no hay más verdad que saber que hoy mi cuerpo necesita descansar y que, haga lo que haga, él tiene el control.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 1 de mayo de 2017

¡Red-volución! o cuando se crea una red de ideas y sentimientos compartidos

Cumplir años tiene ventajas y desventajas (como todo en la vida). Pero un aliciente que he descubierto desde hace poco más de dos años, quizás la crisis de los 40 tuvo algo que ver, es que las nuevas generaciones son tan generosas como para enseñarme cuestiones que jamás hubiese imaginado poder llegar a conocer o entender.

Estas generaciones, a las que se les cuestiona demasiadas veces injustamente, han resultado para mí ser un aliciente, un aire fresco que estimula mis ideas, mi manera de comunicarme y me hace abrir los ojos a una nueva forma de comprender el mundo.

Todo esto me lleva a poner un ejemplo, a la magnífica Elia Santos y para que sirva como muestra, este es su blog: https://eliasantosblog.wordpress.com

Elia se ha tomado la molestia de leerme, de comentar y de guiarme. Precisamente en esta etapa compleja de mi vida en la que no siempre tengo la mente clara y pensar con claridad se reduce a días concretos. Así que Elia, gracias. Millones de gracias.

Que me hayas regalado este corazón y creas que tengo historias interesantes que contar me alienta. No sabes hasta qué punto. Así que me comprometo contigo a aumentar el tamaño de ese corazón con trabajo y con ganas.

Al enviarme este corazón debo continuar con la cadena de buenos sentimientos (tal y como lo describiste tú misma en tu post) los blogs que elijo son:

https://macalderblog.wordpress.com Porque los poetas son las personas más valientes del mundo. Son capaces de despojarse de su traje de piel y dejar el corazón al descubierto, en nuestras manos.

https://circolunar.wordpress.com   porque su particular manera de ver el mundo, su pasión y su energía son contagiosas. Tanto, que cuando lees sus textos puedes llegar a sentir cómo sus ideas caminan por tu interior.

https://donovanrocester.com porque su talento habla por él y no es necesario que añada nada más.

Obviamente, debería poder poner a todos los blogs con los que comparto mi tiempo y mis sentimientos. Porque es un placer poder seguiros y leeros cada día. Abrís de par en par la ventana de mi cerebro y el oxígeno es vital para la vida. Muchas gracias, Elia y muchas gracias a todos los demás.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 1 de Mayo de 2017

Cuando Stephen King me salvó la vida

En esta etapa de la madurez, Stephen King ha vuelto a salvarme la vida. Sí, sí, ya lo hizo antes.

Por la manera en la que transcurrió mi infancia, no tuve más remedio que acostumbrarme a vivir con el miedo. Un miedo que se ha instalado en mi estructura emocional y con el que he tenido que aprender a convivir. Aunque, como bien sabéis el miedo tiene una y mil caras, de manera que todavía lidio con temores nuevos.

Por ejemplo, nunca me había preocupado de manera especial la enfermedad. La muerte sí, como a todos. Pero no la enfermedad. Siempre he cuidado de mi salud como norma. Y, sin embargo, ya veis, no podemos adivinar lo que nos depara la vida.

Empecé a leer a Stephen King en un momento crucial de mi infancia. Y me ayudó a evadirme experimentando con sus personajes diferentes formas de enfrentarnos a nuestros terrores. Ellos, como yo, tenían miedo y no se avergonzaban. Me salvó la vida de manera metafórica,  consiguió rescatar mi cerebro y alejarlo de cualquier otro camino más oscuro que pudiese haber elegido.

Decidí, entonces, escribir una novela por él. En su honor. Como una especie de agradecimiento por la catarsis que había experimentado. Sin embargo, ya sabéis que me he quedado en la línea de salida. Pero por poco tiempo. Creo que, en esta ocasión, hay demasiado en juego. Ahora la verdad es tan descarada que resulta ridícula.

Me percibo tan distinta a la de hace unos meses que, de alguna manera, siento que debo recorrer un camino diferente. Aunque me empeñe, he dejado de ser la que era. Por eso reviso el pasado. Porque para poder volver a construirme necesito saber qué cojo y qué dejo de estos cuarenta años.

Su célebre frase (dependiendo del traductor de inglés que escojas) “El momento más espantoso es siempre justo antes de empezar” Es mi nuevo lema. De hecho, la he pegado en mi pared con un vinilo que encargué por internet. De nuevo, este escritor, este símbolo para mí que roza el absurdo, ha regresado a mi cotidianidad a modo de segunda oportunidad, de una especie de segunda vuelta.

Porque empiezo a ser como uno de sus personajes que lucha por no perder la cordura, por no dejar que la oscuridad lo abarque todo. No es desánimo, no es depresión, es encontrarte en la fría zona abisal más tremenda. Y a eso hay que llamarlo con otro nombre.

Tengo miedo y tengo que experimentarlo, desarrollarlo y ver a dónde quiere llevarme. Stephen me acompaña en el viaje… por segunda vez.

Esther Paredes Hernandez

Barcelona, 27 de Abril de 2017