El escondite

La buscaba sin ocultar su desasosiego. La había perdido otras veces, eso era cierto, pero no recordaba otra ocasión en la que le hubiese costado tanto dar con ella. Se dejó caer exhausta y derrotada en el sofá. Había recorrido la casa, rincón a rincón, escondite tras escondite, varias veces. ¿Y si se había quedado atrapada para siempre?

Una ventana se abrió de golpe permitiendo la entrada al frío del invierno. Pedazos de hielo se introdujeron en su sangre cuando ella se protegió el rostro con los brazos. Y pese a que la escarcha se derritió en su corazón ardiente, el resto de su cuerpo se agitaba sin remedio. Sintió que no quería cerrar aquella ventana, que el viento le estaba hablando. Quizás le ayudase a rescatar a su hija de su escondrijo. Se levantó y escuchó con toda la atención de la que fue capaz.

Escuchó la voz lejana y débil de su hija, que la llamaba por fin, desde un lugar que no alcanzaba a identificar. Cerró los ojos para concentrarse mejor y, tras unos instantes,advirtió que su mano infantil le agarraba con fuerza la suya. No se atrevió a abrirlos para no entorpecer el reencuentro. El frío continuaba conquistando más y más los rincones de la casa. Pero el hielo seguía derritiéndose al entrar en sus corazones. Continuaron cogidas de la mano enfrentándose al invierno, sin miedo a asomarse por la ventana.

Los escondites no sirven para nada. Ni siquiera para jugar.

Roma

Me resulta mucho más sencillo hablar de la muerte que del amor. La muerte es simple de explicar: el tiempo se para, la luz se apaga, adiós. Y a partir de ahí, dejamos de ser conscientes de nuestra existencia. O no, pero si viajamos a algún punto del universo, en ese caso, nos darán la respuesta al misterio de la vida y la muerte volverá a ser fácil de entender.

Sin embargo, ay, amigos míos, el amor es otro cantar. No se destruye, no se diluye, se transforma como si fuese materia, pero es un sentimiento y se lo debería llevar el viento. Si este relato fuese un poema ya lo habría terminado con este pareado.

Se transforma y no siempre en algo bueno o interesante. La mayoría de las veces en una araña negra con patas peludas y pegajosas que te atrapa en sus redes de recuerdos y lágrimas negras también. Eso sí, solo sucede cuando se ama-ama, cuando no puedes dejar de mirarlo ni de tocarlo y ya no respiras por cuenta propia.

En esas ocasiones el amor no te dejará libre nunca. Por mucho tiempo que pase, por muy lejos que se mude tu corazón, por muy profunda que sea la cueva en la que te escondas. Nada importará. Como la araña tiene entre seis u ocho ojos, dependiendo de la especie en la que se transforme tu amor, vigilará que no intentes sacarte de encima el amor perdido que llevas a cuestas.

Me enamoré. Mucho. Demasiado. Aunque describirlo así es redundante. Como he dicho antes, cuando amas, AMAS. No es mucho o poco, es todo. Me en-amoré porque empecé a vivir en el amor. Allí es donde construí mi nueva casa: en el amor. Una casa habitada también por mi compañero, por un hombre que me cogía de la mano con seguridad y ternura. Compartíamos besos, secretos, risas y películas. Parece demasiado perfecto, pero era así y era real. Nada de fantasías de adolescente. Sentía hasta el último poro de mi piel invadido por su olor, su sudor, sus caricias. Estaba tan llena de él que apenas tenía apetito durante el día. La noche, como buena enamorada, era otra cosa. La noche era para re-encontrarnos, soltar lastres incómodos de la vida diaria y disfrutar de nuestra nueva casa de amor.

Por eso, cuando comenzamos a perdernos y a no rozarnos bajo las sábanas, cuando tocarle me producía escalofríos eléctricos que me helaban la sangre y mi corazón dejó de latir al mismo ritmo que el suyo, no supe qué hacer. Él tampoco. Nos separamos, pero siempre buscábamos excusas para gritarnos, para culparnos de nuestra infelicidad hasta hacernos llorar y provocar que nuestros pulmones estallaran liberando la rabia contenida.

Intentamos continuar con nuestras vidas, cada uno recorriendo su propio camino, buscando de nuevo un nuevo amor en el que habitar. Pero teníamos miedo de volver a pasar otra vez por el mismo sufrimiento y perpetuar la existencia de las arañas o, peor todavía, multiplicarlas.

No sé explicar el amor. Sólo sé que existe y que tiene mil caras, mil versiones y todas conviven a la vez en la misma vida, la mía, dentro de mí. Desconozco qué hacer con él, me gustaría darle a un interruptor y apagarlo para siempre. Como cuando la vida se acaba. A lo mejor debería darle la vuelta al amor e irme a vivir a Roma.

 

El sonido

Sujetó la manivela y supo lo que iba a suceder a continuación. Sintió la rabia en su mano y apretó el pedazo de metal agarrotando los dedos. Esa fuerza le ayudó a dar el portazo más sonoro del que fue capaz.

Que se escuchase bien que estaba herida. Que sus vecinos lo tuviesen claro. No podía gritar, pero sí hacer retumbar el marco de la puerta. Pronto entendió que no había sido suficiente y comenzó a dar patadas contra la madera. Alternando los pies para soportar el dolor.

Golpes. El sonido de la rabia.

No conseguía parar, como si aquello no fuese suficiente para sacar lo que anidaba en su estómago. ¿Cuánto ruido necesitaría su alma para calmarse? Lo desconocía. Sus vecinos no se asomaron a ver qué estaba pasando. El sonido de la desesperación viajaba con el eco recorriendo el edificio. Pero ellos estaban sordos.

La puerta crujió y ella se detuvo entre jadeos cansados. Cerró los ojos y recuperó algo de paz. Al menos había conseguido romper algo del exterior. Aunque todavía quedaba mucho por destrozar si quería igualar lo fragmentada que estaba por dentro.

¿Cuánto ruido serían capaces de tolerar sus vecinos?

Esther Paredes Hernández

En el final no había nada

Quería decirle a su amigo que se estaba leyendo el primer borrador de su novela. Quería preguntarle a su hermana cómo se encontraba de lo suyo. Ansiaba, suspiraba por acabar de leer las lecciones de escritura que Cortázar impartió en Berkeley. Le estaba conociendo mejor después de enamorarse de él, tres décadas atrás, a través de las frases de sus relatos. Pensaba mandar un mensaje a su compañero y contarle que se marchó de la fiesta quince minutos después que él porque no le gusta bailar. Le pedía al universo aliento para gritar hasta mover la luna de su órbita. Debía decirle que ya no le amaba. Cuanto antes. Presionó delete y la página se quedó en blanco de nuevo. Y quedaba todo por hacer.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 11 de Enero de 2018

Un cáncer y un libro

Hace seis meses me quejaba de que el cáncer había surgido en mi cuerpo y de que no había sido capaz de escribir una novela en mis 40 años. Me daba mucha rabia pensar que podía morir sin haber cumplido uno de mis sueños infantiles. Mi profesión desde hace quince años es la de guionista, sin embargo, lo que siempre había deseado era publicar un libro y no había tenido el valor para hacerlo.

Aquí tenéis el primer post de la sección “La verdad descarada”. A la que bauticé así porque las cosas se habían puesto muy serias y sólo tenía ganas de escribir desde la verdad. Quería un espacio en el que no hubiese ni un ápice de ficción y dejar aflorar mis sentimientos más profundos.

https://wordpress.com/post/estherparedes.com/3191

Pues bien, pese a la quimioterapia, pese al miedo, pese a la angustia, pese al dolor, pese a las nubes en mi cerebro… conseguí reunir los suficientes relatos (pude escoger entre todos la cantidad de veinte textos) y he publicado un libro. ¡Un libro!

De acuerdo que no es una novela, pero son cien páginas en total y me doy por satisfecha. Os lo presento. Se titula Buenas noches. Una selección de mis veinte mejores relatos de terror. Y el título se debe a que he aprendido que podemos dormir mejor si nos enfrentamos a nuestros miedos. Lo he experimentado durante la enfermedad a costa de mucho sacrificio.

 

 

Mi orgullo, mi reto conseguido, mi nuevo oxígeno. Y vosotr@s habéis tenido muchísimo que ver ayudándome con vuestro aliento, vuestros comentarios, vuestro cariño.

Podéis comprar en el blog la versión en papel (en la pestaña “compra mi libro”) y también el ebook en diferentes formatos.

Os muestro un resumen de la presentación de Buenas noches,  que organicé hace unos días ayudada por mi familia y amigos, en la que estuve rodeada por mucho amor y cariño.

 

No lo veis, pero estoy emocionada y las lágrimas asoman por mis ojos mientras tecleo. Porque sin vosotros detrás de mí, como mi ejército protector, no sé si lo habría conseguido.

Os quiero. Y para siempre. Esto ya ha empezado y, afortunadamente, ya no hay vuelta atrás.

Esther Paredes Hernández

Puedes conocerme mejor como @pasarlodemiedo en Facebook, Instagram y Twitter. Os espero!!

 

 

 

Un nuevo viaje

No sé, podría contaros que me encuentro a medio camino de olvidar el cáncer y regresar a la normalidad. Pero eso sería mentiros y me convertiría en una una hipócrita para con vosotros y también para conmigo misma. Ni voy a olvidar el cáncer ni recuperaré mi vida anterior.

La quimioterapia ha dejado secuelas en mi cuerpo que, probablemente, me acompañen para el resto de mi vida. Lo que me ha convertido en una enferma crónica. Algo que no era antes y que no esperaba que me sucediese. La percepción de mí misma, la concepción que tenía del mundo, de la vida… ha cambiado obvia e irreparablemente. Como la de muchas otras personas. No me quejo, pues estoy viva.

Sin embargo, lo que puedo contaros honestamente es que navego en el mar de la transición. En el frío océano donde te sumerges tras haber sufrido una gran crisis que hace estallar los cimientos de lo que has sido hasta ese momento. No sé quién seré a partir de ahora. Ni como incorporaré el cambio que he sufrido durante este año. No me quejo, pues estoy curada.

En este punto, en el después más inmediato, me hallo inmersa en el proceso, en el viaje a un nuevo lugar que desconozco todavía. No tengo miedo. Siempre he disfrutado con los misterios que nos aguardan tras las imponentes olas del océano agitado por la tormenta. Los cielos negros no me asustan y mucho menos las aguas oscuras.

Barcelona, 23 de Septiembre de 2017

Esther Paredes Hernández

Este sigue siendo mi nombre aunque he cambiado tanto que todavía temo mirarme al espejo.

P.D: ayer mi hijo mayor cumplió 11 años y pude comprobar que ni siquiera soy la misma madre que le ayudó nacer. 

Soy Tres

Antes de todo, antes del cáncer, siempre me percibía a mí misma como cuerpo y mente. Creed si os digo que los cuidaba a los dos por igual. Los mimaba, los ponía a trabajar, a desarrollarse… Cierto es que no vigilaba demasiado su felicidad, pero sí su fortaleza y su salud. Qué ilusa. Durante estos largos meses, he aprendido lo esencial que es el elemento de la felicidad.

Todos aquellos que me acompañais en este proceso me habéis enseñado que no estoy compuesta por dos partes, sino por tres. Había olvidado, ni siquiera recuerdo la última vez que la sentí, la importancia de mi alma. De aquello que soy por esencia, aquello que une cuerpo y mente, aquello que me hace ser única; que nos distingue a los unos de los otros dándonos una forma especial e individual.

Durante la quimioterapia ha sido mi alma finalmente la que me ha rescatado. Pues ni mi cuerpo ni mi mente estaban fuertes para afrontar la enfermedad. Y gracias a vuestros comentarios, que visualizaban mi espíritu y me recordaban que seguía ahí en alguna parte, he sido capaz de soportar el dolor y el miedo al lograr recuperar mi alma poco a poco.

Y, por fin, me he convertido en tres. Creo que esta conclusión es el aprendizaje que he alcanzado en esta dura prueba.

Quiero que sepáis que ya me han puesto la sesión número seis y mi quimioterapia ha concluido. Pronto sabré si estoy limpia o no.

Mi linfoma suele repetirse y durante dos años debo ponerme una medicación (más goteros) para intentar retrasar su aparición. Estoy preocupada, no os lo negaré, pero mi espíritu es más fuerte y determinado que antes y voy a buscar y trabajar su felicidad. No pienso olvidarme de ello, por vosotros y por mí. Creo que os y me lo debo por tener la posibilidad de estar viva.

En nada me cojo vacaciones de quimio y de cáncer. Al menos, un par de semanas. Pasaré de escribir en el blog para hacerlo en mis blocs. Como antes, como cuando tenía 15 años. En aquellos tiempos puedo recordar ciertos momentos de felicidad que calentaba mi alma que pienso rememorar.

A la vuelta, compartimos emociones como siempre ¡y cuentos de miedo!. Pues ya formáis parte de mi recuperación y también de mi supervivencia.

Esther.

¡Red-volución! o cuando se crea una red de ideas y sentimientos compartidos

Cumplir años tiene ventajas y desventajas (como todo en la vida). Pero un aliciente que he descubierto desde hace poco más de dos años, quizás la crisis de los 40 tuvo algo que ver, es que las nuevas generaciones son tan generosas como para enseñarme cuestiones que jamás hubiese imaginado poder llegar a conocer o entender.

Estas generaciones, a las que se les cuestiona demasiadas veces injustamente, han resultado para mí ser un aliciente, un aire fresco que estimula mis ideas, mi manera de comunicarme y me hace abrir los ojos a una nueva forma de comprender el mundo.

Todo esto me lleva a poner un ejemplo, a la magnífica Elia Santos y para que sirva como muestra, este es su blog: https://eliasantosblog.wordpress.com

Elia se ha tomado la molestia de leerme, de comentar y de guiarme. Precisamente en esta etapa compleja de mi vida en la que no siempre tengo la mente clara y pensar con claridad se reduce a días concretos. Así que Elia, gracias. Millones de gracias.

Que me hayas regalado este corazón y creas que tengo historias interesantes que contar me alienta. No sabes hasta qué punto. Así que me comprometo contigo a aumentar el tamaño de ese corazón con trabajo y con ganas.

Al enviarme este corazón debo continuar con la cadena de buenos sentimientos (tal y como lo describiste tú misma en tu post) los blogs que elijo son:

https://macalderblog.wordpress.com Porque los poetas son las personas más valientes del mundo. Son capaces de despojarse de su traje de piel y dejar el corazón al descubierto, en nuestras manos.

https://circolunar.wordpress.com   porque su particular manera de ver el mundo, su pasión y su energía son contagiosas. Tanto, que cuando lees sus textos puedes llegar a sentir cómo sus ideas caminan por tu interior.

https://donovanrocester.com porque su talento habla por él y no es necesario que añada nada más.

Obviamente, debería poder poner a todos los blogs con los que comparto mi tiempo y mis sentimientos. Porque es un placer poder seguiros y leeros cada día. Abrís de par en par la ventana de mi cerebro y el oxígeno es vital para la vida. Muchas gracias, Elia y muchas gracias a todos los demás.

Esther Paredes Hernández

Barcelona, 1 de Mayo de 2017